Energía Femenina & Energía Masculina

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Todo en la naturaleza se mueve y se crea en función de la existencia de estas dos energías que juegan, danzan y se integran para dar nacimiento a toda la creación.

Hay una diferencia importante, arquetípicamente, entre las energías femenina y masculina, no solamente en los seres humanos, sino en la naturaleza, en general.

La energía femenina (yin para los chinos, Shakti para los hindúes) es receptiva, cóncava, suave, blanda, redonda, sinuosa, interior. Fluida, como el agua y quieta, como la tierra.

En cambio la energía masculina (yang para los chinos, Shiva para los hindúes) es activa, penetrante, fuerte, convexa, emprendedora, estructurada, rígida, exterior. Impregnante como el fuego y arrasadora como el aire.

Todo en la naturaleza se mueve y se crea en función de la existencia de estas dos energías que juegan, danzan y se integran para dar nacimiento a toda la creación. Incluyendo, por supuesto a los seres humanos. 

Esto significa que las personas tenemos ambas energías, aunque nuestro cuerpo físico acuse mayoritariamente la presencia de una de ellas. La idea es integrar ambas en nosotros, para que podamos explorar desde nuestro interior nuestro poder de creación: la semilla -masculina- que fecunda la tierra -femenino- y ambos pueden crecer como una nueva unidad, un nuevo ser, en el útero que los alberga. Esto ocurre con toda la creación, desde un nuevo ser humano que creamos a partir del encuentro sexual, pasando por una planta cuya semilla se siembra en la tierra y crece, hasta una idea que generamos y movilizamos hasta llegar a concretar en la realidad como nuevo proyecto.

La importancia de la polaridad

Es imprescindible que existan ambos polos en las relaciones. Tradicionalmente, había roles muy estructurados y rígidos (una concepción “masculina” de las relaciones) en las parejas. Luego, la sociedad occidental se fue orientando hacia el otro polo y los roles se intercambiaron: las mujeres comenzamos a adoptar (en nuestra salida hacia el mundo) polos masculinos (o yang) de sus conductas y actitudes, mientras los hombres se encuentran en algunos espacios tradicionalmente femeninos. Pero las cosas aún no están armónicas. Y siguen los desencuentros. Las mujeres hemos cambiado (nos hemos ido al otro extremo de la polaridad) y los hombres aún no saben bien cómo responder frente a este cambio (se quedan pasivos, esperando) pero tampoco se sienten cómodos todavía con los nuevos roles. Siento que todavía nos queda camino por recorrer, para encontrar un equilibrio más “femenino” de las relaciones. No por femineizar los vínculos sino por encontrar una cualidad más fluida y sinuosa, de aceptación y suavidad en nuestros encuentros (para que dejen de ser desencuentros).

Muchas mujeres en la actualidad, habiendo descubierto un espacio emprendedor en sus actitudes, han impregnado tanto las relaciones que no dan espacio para que los hombres avancen, experimenten su cualidad “masculina” de búsqueda y deseo. Lo “masculino” desea y busca. Lo “femenino” desea y atrae para ser buscado.

Parecería que en este momento, a muchas mujeres les toca esperar que sea el hombre quien haga el movimiento de búsqueda y acercamiento y “sencillamente” estar muy atentas a lo que realmente sienten con ello, sin descuidar las necesidades profundas (que son reales, existen y tienen todo el derecho a existir).

En las situaciones en las que las mujeres (fuertes) están muy acostumbradas a ir por lo que quieren, necesitan aprender que con eso solo no basta. Se trata de estar disponible. Muchas mujeres que resultan más atractivas a muchos hombres son aquellas que se dejan buscar, cuya energía es suave, receptiva y atractiva (y no activa y/o avasallante, su contraparte). En realidad, se trata de aprender a fluir suavemente con lo que la situación propone sin imponer lo propio, sino percibiendo y respetando lo que les pasa a ambos, allí, en ese encuentro.Una energía suave, fluida y alegre, generará espacios con esas características.

Procesos de transformación

A veces me pregunto si el amor espiritual y álmico es suficiente como para basar un vínculo. Pero luego comprendo que se necesitan la materialidad y la conexión con la tierra y la realidad, para hacerlo posible. Muchas veces, en un estadio de cierta inmadurez emocional, tenemos una actitud necesitada y anhelante. Cuando esto sucede, se producen picos (altas y bajas), un entusiasmo espectacular por nuevas relaciones y proyectos y luego, cuando las cosas no son como esperamos, se pincha todo, se pierde la energía, nos enojamos con el mundo por no darnos las cosas como esperábamos (“con todo lo que una/o dio”), etc. Es un patrón muy claro. Y depende de cada uno salir de él. Llevando las cosas a la realidad, al enraizamiento, a la materialidad, al amor por sí misma/o y los propios proyectos (además del ámbito espiritual, que si no está, nos aleja de la verdadera conexión).

Desde el punto de vista instintivo (puramente biológico), desde el cerebro reptil, muchos hombres se sienten más poderosos mientras más mujeres tengan a su disposición, anhelando su masculinidad, esperándolos. Es instintivo, así como la pelea o la competencia con otros machos de la manada (que actualmente se manifiesta en la lucha por el poder económico). Pero en ese ámbito, todavía están en un nivel instintivo.

Si una mujer quiere un hombre que haya trascendido lo meramente biológico, conectándose con su emocionalidad -cerebro límbico- y con su espiritualidad -corteza cerebral-, tiene que decidir si quiere aceptar y jugar ese juego de “mientras más mujeres, más macho” o jugar eternamente el juego de la seducción y el cortejo. Si un hombre no puede o no quiere tomar un decisión de quedarse con una mujer (por comodidad, por pereza, por dificultad o por cualquier otra causa) no tiene sentido que la mujer se haga responsable de esa decisión de que elija estar con otra(s) y sufra en consecuencia.

Muy posiblemente, el compañero que queremos al lado sea alguien realmente amoroso y comprometido, que esté, que decida conscientemente “no moverse de nuestro lado”, no buscar otra mujer, porque elige esta relación libre, voluntaria y conscientemente, porque con nuestra energía les es suficiente. Si no es así, volveríamos a entrar en una relación asimétrica; excepto, claro está, que tú quieras lo mismo que él, una relación donde se abre la energía hacia muchas puntas al mismo tiempo. Imagina una manguera por donde circula el agua con una determinada fuerza (la relación es la manguera, el agua es el amor y la energía). Y que en lugar de tener una sola punta de un lado, tiene agujeritos o se divide en varios extremos. ¿Qué sucedería con la fuerza del agua?

Hay hombres que tienen muy claro a qué mujer eligen. Pero tienen otras por ahí dando vueltas porque les hace sentir más poderosos (un poder falso y muy básico e instintivo). Pero si este poder es a costa de la energía de la otra persona, no se renueva y se potencia. Este tipo de hombre toma de las diversas mujeres, sin sentir que tiene que dar nada a cambio.

Creo que no es sensato dejarse “robar” la energía de nuestro cuerpo emocional por nadie. En este momento de nuestra vida, es necesario fortalecernos y enraizar. El propio proyecto profesional y personal es una de las formas orgánicas para hacerlo, sentirnos sólidas, enraizadas, conectadas con nuestro poder y nuestra capacidad de cumplir nuestra misión de vida. Me parece que si (con o sin conciencia) dejamos que los procesos de otros (en este caso los hombres) interfieran en el desarrollo de lo que vinimos a hacer, estamos cediendo una parte importante de nuestro poder. Y además, estaríamos perdiendo una conexión importante con la realidad escudándonos en una pseudo-justificación espiritual. No creo que tenga sentido alguno. Es decir, me parece que es importante verlo, para no volver a repetir nuestro patrón (que sea el otro quien tiene el poder sobre nuestra vida porque le entregamos nuestro cuerpo emocional).

Creo firmemente en no forzar nada y que es necesario acompañar respetuosa y amorosamente nuestros procesos de transformación.

Según mi experiencia, cuando estamos listos podemos encontrarnos, pero al esperar sosteniendo algo, se retiene parte de la energía (que se necesita para otra cosa). Además, la energía “del hombre/la mujer (la pareja como opuesto complementario)” en ti es algo que se está configurando y re-estructurando dentro de ti. Tú también estás en un proceso de sanación y reconstrucción. Y se te presentará la energía del hombre (o la mujer) “sano/a” cuando internamente, dentro tuyo, esté lista/o.

Es decir, es un arquetipo del momento de cambios que estamos viviendo. En este momento, el aprendizaje es soltar, desapegarse y aceptar lo que es. Trabajar en nuestra propia sanación, sin “depender” de la voluntad del otro. Nuestro proyecto profesional, nuestra sexualidad más profunda, nuestro poder verdadero y sólido. Y llegar a esta nueva era, de integración, unificación y concreción de nuestra libertad más preciada: SER quien verdaderamente somos.

Fuente: Senderos de Placer




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