Usar la sexualidad para sanar la feminidad

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¿Has hecho alguna vez el amor con pasión, con ternura, abierta en tu totalidad, entregada?
¿Te extraña esta pregunta?

Hombres y mujeres hacemos el amor  habitualmente sin abrirnos, demasiado habitualmente, diría yo. Es extraño ¿verdad? y sin embargo se ha convertido en algo cotidiano y aceptado: hacer el amor con tu pareja sin tener intimidad, sin abrirte de verdad, sin dejar que él o ella entren dentro de nosotras. Si, físicamente puede estar dentro pero no más.

¿Por qué?

Es fácil, por MIEDO. La única razón opuesta al amor. Hacer el amor con miedo… ¿eso tiene sentido? Pues claro.

En el cuerpo y en el vientre, la vagina y el útero femenino, las mujeres guardamos la memorias de la humanidad. Es así, nuestro cuerpo es la cuna desde la que se gesta toda la humanidad. Es el centro creativo por excelencia y ese poder ha sido agredido durante miles de años.

Así es, de forma inconsciente tu cuerpo sabe que es puede ser doloroso abrir tus centros de poder a otros y te proteges. Es fácil abrir las piernas, o por lo menos podemos forzarnos a hacerlo, pero abrir la verdadera puerta al cosmos, la puerta al infinito, la puerta al vacío que lo contiene todo, el vacío que puede manifestar y hacer presente cualquier cosa, cualquier deseo… eso da mucho miedo… ya no queremos sufrir más.

Sin embargo, el precio a pagar es alto, verdaderamente alto. No abrir esa puerta se cobra nuestra creatividad, nuestra vitalidad, nuestras ganas de vivir con energía y entusiasmo….

No somos felices porque, al igual que el caballero de la armadura oxidada, hemos cerrado nuestras compuertas y, aunque en nuestro sexo si, en nuestra intimidad no dejamos que entre nadie. Y es que puede que ni siquiera nosotras sepamos abrir las puertas que hemos cerrado tan herméticamente. Nuestro mayor poder, nuestra sexualidad sagrada, que nos vitaliza y nos empodera hasta la sublime tarea de poder crear una nueva vida humana, queda oculta tras las sombras del miedo y las memorias ancestrales de dolor. Un gran vacío interno se apodera de nosotras sintiéndonos anodinas, tristes y apagadas, porque en lo más profundo de nuestro ser nos sabemos Diosas, creadoras de todo lo que acontece.

Imagina tener un báculo de la felicidad, la plenitud y de poder guardado en un armario, heredado por un linaje femenino desde el comienzo de la humanidad y que lo tienes por derecho de nacimiento pero que no usas por miedo a sentir dolor, a no saber manejarte con tanto poder, a tanta responsabilidad. ¿Cómo te dejaría saber que tienes semejante herramienta a la que no das uso? ¿No estarías muriéndote en vida?

¿Hay tanto dolor ahí dentro?

Esta noche hice el amor con mi chico. Lo que me ha sucedido esta noche, ya me ha sucedido en otras ocasiones. No es algo que yo me proponga, simplemente sucede, se da. Quizás la única diferencia con otros momentos de sexualidad es un estado de relajación más profunda y el uso de la respiración consciente. Por lo demás hay ternura, pasión, fuerza, suavidad… y de repente llega el llanto, algo duele profundo, muy adentro… las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos y termina por convertirse en llanto profundo, desgarrador. Yo no sé que es, sólo se que duele, es triste y desgarrador.

También sé que no quiero parar de hacer el amor hasta que salga todo, no quiero quedarme a la mitad. Y mi chico y yo continuamos explorando a diferentes ritmos y en un mar de lágrimas, ese terreno desconocido por el consciente pero sabiamente intuido.

Anoche despertamos memorias olvidadas y sanamos un poquito más el matrimonio sagrado entre el dios y la diosa. Anoche acercamos de nuevo la energía masculina y femenina en una danza de iguales con el respeto y la veneración que cada una se merecen.

Duele, si. Pero hoy me siento realmente renovada, sanada, me siento menos pesada, con menos lastre. Una calma especial me abraza tranquila. Hoy mi útero late distinto y siento el latido…. mi sangre está llegando.

Puedo intuir de que van las heridas que se han improntado en mi útero, en el útero de cualquier mujer que no ha sanado y despertado su consciencia de sexualidad sagrada.

Hoy seguimos agrediendo nuestro cuerpo, nuestro vientre, nuestro útero mucho más de los que piensas. Lo agredimos:
  • Cuando el hombre sigue utilizándolo para descargar toda su frenética compulsividad mental, cuando tantos y tantos hombres se masturban dentro del vientre de una mujer y a eso le llaman hacer el amor.
  • Cuando permitimos que cualquier hombre entre dentro de nosotras, y cuando copiamos los patrones sexuales masculinos, dirigiéndonos a una sexualidad superficial y sin intimidad.
  • Se le agrede cuando en los hospitales, en el llamado “parto tecnológico” dominante hoy en día, donde tantas y tantas mujeres paren de forma antinatural y son sometidas en aras del la “efectividad técnica”.
  • Cuando se ha inventado la píldora, que destruye nuestro ciclo menstrual femenino, o todos los otros sistemas anticonceptivos intrusivos en nuestro cuerpo, curiosamente siempre sistemas para nosotras que en realidad sólo somos fértiles de tres a cuatro días por mes ¿porqué no para el hombre que es fértil durante todos los días de su vida?.
  • Se agrede el vientre femenino, cuando se nos ha hecho creer que nuestra regla es un trastorno, una molestia “que tenemos que sufrir” y que nos impide actuar en un plano de “igualdad” con el hombre. Cuando se nos ha hecho separarnos del momento sagrado que es la menstruación y a base de “tampax” apartarnos e incluso repudiar nuestra propia sangre.
  • Se agrede nuestro cuerpo de mujer cuando se nos da un canon de belleza lineal y sin curvas, sin blandura. Donde el espacio del útero y su latido no tiene lugar en nuestro vientre y vivimos permanentemente fajadas. Cuando se hace casi imposible comprar tu tallaje de ropa.

Podríamos continuar con un sin fin de agresiones más de una civilización patriarcal que, desde su “omnipotente” hemisferio izquierdo, ha cometido y sigue cometiendo para controlar y aplastar a la mujer que late dentro de cada una, a la mujer salvaje,  a la cual ha temido y no ha entendido. No es de extrañar que nuestra civilización esté destruyendo la Tierra, siendo la Tierra la expresión por excelencia de la energía de la femenina.

¿Cómo podemos sanar y liberar esas memorias?

Es necesario que el vientre femenino sea sanado de todo el dolor, de todo el miedo y de todo el rencor, del karma colectivo, de miles de años de aplastamiento de lo femenino, de desprecio y de agresión a la Diosa.

Pero nadie lo va a hacer por ti. Ponte en marcha y trabaja para que así sea.

El acto sexual, en la forma tántrica, es una potente forma de sanación.

Para mi el tantra es el abandono de la resistencia en su forma más humana. El tantra es rendirse, sentirse vulnerable, abrirse hasta el extremo, ofrecerse tal cual… eso es tantra para mi. Se dice pronto… pero no es fácil de hacer.

Ante esta definición es evidente que sexo tántrico no lo puedes hacer con cualquiera. Al menos, yo no, porque no me abro así con cualquiera. Para ser sincera, como os he dicho antes, son veces contadas las que me suceden con mi pareja.

Por tanto, cuando hacemos el amor con “penes emocionales”, con penes compulsivos y egoístas, que no saben estar presentes amorosa y desinteresadamente dentro de nuestro vientre, estamos acentuando la herida. El contacto con el pene de un hombre que ha sanado o que está en el camino consciente de sanación, que ha abierto su corazón, que ha integrado en él mismo la energía femenina, la energía de la Diosa, comienza, sin embargo, a purificar el vientre femenino.

Comienza a darle “nueva información”, esta vez desde la consideración, desde el respeto, desde el entendimiento de lo que es diferente, desde el amor. Por eso es muy importante para cualquier mujer en el camino de sanación consciente, sea cuidadosa en sus relaciones. No se trata de represión, de negar ahora el derecho de libertad sexual, tan arduamente conseguido; sino de una toma de consciencia de “lo que estamos haciendo”.  Ha pasado el tiempo, tan necesario, de la liberación sexual de los hippies. Estamos ahora en otro lugar, donde debemos empezar a tomar responsabilidad sobre las verdaderas consecuencias de lo que hacemos.

Que tus decisiones sobre tus relaciones sexuales sean conscientes, es un primer paso importante. Qué sepas lo que quieres y porqué lo quieres, que sepas decir no o si, que decidas permitir o no, es importante.

La sexualidad tántrica puede ser una ayuda poderosa en el camino de sanación del vientre femenino, pues revierte el proceso de la enfermedad del desamor que inunda las células de nuestro útero.

¿Alguna vez has liberado tu llanto mientras o después de hacer el amor?

Fuente: Maria Jose Mochon


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